El Fin de los Días (sermón)
Dictadores, disturbios, desconcierto.
Pobreza, plaga, pelea, pecado.
¿Estamos viviendo en los últimos días?
Un sermón de Daniel 12:5-13.
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Un sermón de Daniel 12:1-4. Los libros de Dios, y el tiempo de angustia.
Hay hojas que puedes imprimir para tus notas aquí: Notas para Daniel 12:1-4
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Hoy vamos a terminar nuestro estudio de la Santa Cena. Sí no has leído todo, aquí están:

La última vez hablamos sobre la importancia de la Santa Cena y cómo debemos prepararnos con anticipación. Aquí hay Aquí hay algunos pensamientos para ayudarte. Si eres pastor, ¿por qué no repartes esto en el servicio de tu iglesia la semana anterior?
Meditemos en estas palabras de Hebreos 7 mientras concluimos nuestro estudio:
Jesús ha venido a ser fiador de un mejor pacto. Los sacerdotes anteriores eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar, pero Jesús conserva Su sacerdocio inmutable puesto que permanece para siempre.
Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.
Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Porque esto Jesús lo hizo una vez para siempre, cuando El mismo se ofreció.
¡Gracias a Dios por Su misericordia y amor!
Ya hemos hablado sobre los antecedentes de la Santa Cena y el significado del pan y el vino. Hoy vamos a ver más de cerca esta práctica especial en la iglesia local.

Diferentes iglesias tienen diferentes tradiciones en cuanto a la Santa Cena. Pero echemos un vistazo a los elementos básicos que la Biblia dice son importantes…
Primero, utilizamos el pan y el vino (“el fruto de la vid” (Lucas 22:18) – algunas iglesias usan el vino específicamente, y otras el jugo de uva).
En una de las epístolas de Pablo, el Espíritu Santo nos da un propósito importante de la Santa Cena:
Porque todas las veces que coman este pan y beban esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que Él venga.
1Corintios 11:26
La participación en la Santa Cena es una manera de proclamar la muerte del Señor hasta que Él venga.
Pero en la iglesia de Corinto, ¡la gente no compartían ni esperaban por los otros! Algunos no tenían nada de pan, ¡algunos bebían suficiente vino para emborracharse! Así que Pablo les dio instrucciones importantes:
Así que, hermanos míos, cuando se reúnan para comer, espérense unos a otros. Si alguien tiene hambre, coma en su casa, para que no se reúnan para juicio. Los demás asuntos los arreglaré cuando vaya.
1Corintios 11:33-34
Simple: – espérense unos a otros, y si alguien tiene hambre, coma en su casa.
En lugar de considerar esta comida como simplemente una fiesta más, debe tomarse muy en serio. Veamos qué más dice Pablo:
De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí. Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre ustedes, y muchos duermen. Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo.
1Corintios 11:27-32
No debemos ser culpable del cuerpo y la sangre de Jesús. En cambio, debemos discernir el cuerpo del Señor. Es decir, tenemos que entender el verdadero cuerpo de Cristo, que se ofreció para nosotros una vez por todas en la cruz.
Entonces, según este pasaje, ¿qué debemos hacer?
Es por eso que nos tomamos el tiempo para examinar nuestras vidas antes de participar en la Santa Cena. De hecho, es sabio pensar en la Santa Cena en los días previos a la celebración de la Santa Cena, para permitir que el Señor trabaje en tu corazón.
Tenemos la misma idea aquí:
Dije previamente, cuando estuve presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente, lo digo de antemano a los que pecaron anteriormente y también a todos los demás, que si voy otra vez no seré indulgente, puesto que ustedes buscan una prueba del Cristo que habla en mí. El cual no es débil para con ustedes, sino poderoso en ustedes. Porque ciertamente Él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en Él, sin embargo, viviremos con Él por el poder de Dios para con ustedes.
2Corintios 13:2-5
Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen a ustedes mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos de que en verdad no pasen la prueba?
Y así, la Santa Cena es sólo para los creyentes. Es un tiempo para que examinemos nuestras vidas, y para examinar nuestra relación con Dios y con los demás. Lo más importante es recordar lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Recordamos Su sacrificio, que libremente salvado a todos los creyentes para siempre. Al participar en la Santa Cena, proclamamos el Evangelio hasta que Jesús regrese por nosotros.
La próxima vez compartiré una herramienta para ayudarlo a prepararse para la Santa Cena, y veremos una vez más la maravillosa obra de Jesucristo en la cruz.
…porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.
Mateo 26:28

De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.
Lucas 22:20
Jesús describió la copa como la sangre del nuevo pacto o el nuevo pacto en su sangre (Tenga en cuenta que podría describir el vino como sangre o como el nuevo pacto; no importa, porque es un símbolo. No es literalmente un pacto escrito en pergamino.). Vamos a ver que es el “nuevo pacto”…
Pero cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de Su propia sangre, obteniendo redención eterna.
Hebreos 9:11-15
Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la novilla, rociadas sobre los que se han contaminado, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno Él mismo se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?
Por eso Cristo es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
Entonces, Jesús es el Sumo Sacerdote que ofreció Su propia sangre como sacrificio. La sangre purifica nuestra conciencia para servir al Dios viviente. Esto nos llevaría una redención y herencia eterna.
Tenemos la misma idea en Efesios 1:7-12. Gracias a Cristo, tenemos redención – es decir, el perdón de nuestros pecados.
¿Y el pan?
Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí».
Lucas 22:19
El pan es un símbolo del cuerpo de Jesús, dado por nosotros.
Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre.
Hebreos 10:10-14
Ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios, esperando de ahí en adelante hasta que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies. Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.
Aquí en Hebreos, el autor habla de la salvación que tenemos en Cristo. Hemos sido perfeccionado y santificado por la ofrenda/el sacrificio del cuerpo de Jesucristo.
La próxima vez exploraremos el Santa Cena aún más y hablaremos sobre cómo la practicamos en nuestras iglesias locales.
En los tiempos de Jesús, los Judíos celebraban la fiesta de la Pascua para conmemorar la liberación de Dios de sus antepasados, que habían sido esclavos en Egipto. El pueblo sacrificaba el cordero pascual, al igual que sus antepasados habían hecho. Repasemos lo que Dios dijo a los israelitas en Egipto.

El SEÑOR habló a Moisés y a Aarón y les dijo:
“…El cordero será un macho sin defecto, de un año… Entonces toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer. Ellos tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman…
Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombre como de animal. Ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el SEÑOR.
La sangre les será a ustedes por señal en las casas donde estén. Cuando Yo vea la sangre pasaré de largo, y ninguna plaga vendrá sobre ustedes para destruirlos cuando Yo hiera la tierra de Egipto.”
de Éxodo 12:1, 5-7, 12-13
Jesús va a añadir un nuevo significado a la antigua fiesta de la Pascua:
Y tomando el pan, después de haber dado gracias, [Jesús] lo partió, y les dio, diciendo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí». De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.
Lucas 22:19-20
¿Cuál fue el propósito de hacer esto? Bueno, el cuerpo de Jesús fue dado y Su sangre derramada. En particular, celebramos la que llamamos la “Santa Cena”, para recordar la muerte de Jesús (“en memoria de Mí”).
Aquí en Lucas 22, dice Jesús que Su cuerpo fue “dado”. Según Juan 10, ¿quién dio la vida de Jesús?
“…Por eso el Padre me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de Mi Padre.”
Jesús (en Juan 10:17-18)
Jesús dio Su propia vida, ¡voluntariamente! Y ¿cuál fue el propósito de la muerte de Jesús?
“…porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.”
Jesús (en Mateo 26:28)
Jesús dio Su vida para proporcionar el perdón de los pecados. Hemos visto eso en las palabras de Jesús en Lucas 24: “el Cristo padecerá y resucitará … que en Su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados… (de Lucas 24:46-47)
El vino y el pan no son, literalmente, la sangre y el cuerpo de Cristo – son símbolos. De hecho, en la misma noche, Jesús dijo: “Yo soy la vid” (Juan 15:15). Jesús no se convirtió en una vid literalmente cuando dijo eso – Él estaba ilustrando algo.
Jesús usó la ilustración de comer Su carne y beber Su sangre como símbolo de la fe en Él (Juan 6:47-51). Utilizó este simbolismo mucho antes de que Él instituyó la Santa Cena, porque la gente siempre han sido salvados de la misma manera – a través de la fe en el Mesías y Su sacrificio.
En la Santa Cena, recordamos que Jesús ofreció Su cuerpo y su sangre (Su vida) una vez (Hebreos 9:11-12; 10:14). Luego se levantó corporalmente al cielo (Lucas 24:51). Nosotros no adoramos el pan y el vino – el cuerpo de Jesús está en el Cielo. Pero, como veremos, ¡esto no significa que la Santa Cena no es importante!
La próxima vez estudiaremos la Santa Cena con más profundidad, para ver lo que Dios nos enseña en la Biblia acerca de este regalo especial para la Iglesia.
Un sermón de Daniel 10:1-11:1. “Hace 53 años, este mes, un mecánico industrial en la provincia de Manitoba, Canadá, vio algo que no podía explicar. Un gran objeto de metal…”
Hay una hoja para notas si te gustaría imprimirla. 🙂
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Hoy vamos a meditar en el “Padre Nuestro” primero. Esta oración no es una fórmula mágica a repetir sin pensarlo. Y no es la única manera de orar. En cambio, es un ejemplo para pensar, y para usar en nuestro tiempo con Dios.
Si no ha leído las otras entradas sobre la oración, eche un vistazo a las primeras:
Toma unos minutos y medita en esta oración. ¿Qué nos dice acerca de Dios?
Padre nuestro que estás en los cielos,
Mateo 6:9-13
Santificado sea Tu nombre.
Venga Tu reino.
Hágase Tu voluntad,
Así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy el pan nuestro de cada día.
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén”.
En Mateo 6:9-13, oramos al Padre. Pero según Romanos 8:26 tenemos la ayuda del Espíritu. Y según Juan 14:13-14 (las palabras de Jesús), pedimos en el nombre de Jesús. Esto significa que debemos orar como representantes de Jesús en la tierra, haciendo Su trabajo.
Entonces, ¡el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todos una parte de nuestras oraciones!
Y hay otras oraciones en la Biblia también. Aquí hay una otra. Recuerda, ¡la oración es acerca de Dios, y Su gloria!
Y a Aquel que es poderoso
Efesios 3:20-21
para hacer todo mucho más abundantemente
de lo que pedimos o entendemos,
según el poder que obra en nosotros,
a Él sea la gloria
en la iglesia y en Cristo Jesús
por todas las generaciones,
por los siglos de los siglos. Amén.
Para terminar nuestro estudio, lee Lucas 18:1-8, y responde las siguientes preguntas.
Finalmente, hemos llegado a la pregunta: ¿cómo debemos orar? ¿De qué manera?

No vamos a tomar el espacio hoy para estudiar todo lo que la Biblia dice acerca de la oración. Pero aquí hay algunos pasos importantes.
En primer lugar, tres cosas que no debemos hacer.
Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería.
Mateo 6:7
No usa “vanas repeticiones” (RV60) / “repeticiones sin sentido” (NBLH) / “hablen sólo por hablar” (NVI). Dios no va a escucharte mejor porque hablas más. En lugar, de acuerde con 1Corintios 14:15, tenemos que orar con el entendimiento. La oración no se trata solo de repetir palabras y frases especiales. Jesús enseñó en contra de esta práctica.
Si observo iniquidad en mi corazón,
Salmo 66:18-20
El Señor no me escuchará.
Pero ciertamente Dios me ha oído;
Él atendió a la voz de mi oración.
Bendito sea Dios,
Que no ha desechado mi oración,
Ni apartado de mí Su misericordia
De acuerdo con este salmo, ¿cuando no escucha Dios a nuestras oraciones?
Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.
Filipenses 4:6-7
Ten una actitud de confianza en Dios y gratitud – no estés afanosos.
Entonces, ¿cómo debo orar?
Bueno, según 1Tesalonicenses 5:17, oren sin cesar. Durante todo el día, podemos estar en constante conversación con Dios. Y de Hechos 2:42 aprendemos que debemos orar a solo, pero también con otros creyentes.
Cuando continuamos nuestro estudio, hablaremos sobre la oración más famosa de la Biblia: el Padre Nuestro. Jesús tiene mucho que enseñarnos sobre cómo orar. ¡Hasta la próxima!
Un sermón de Daniel 7 – ¿Cómo terminará esto?. Querrá leer el capítulo antes de escuchar el sermón.

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