En un sentido, como vamos a ver, otras personas sí se benefician o sufren si una persona es necio o sabio. Pero en otro sentido, nosotros mismos son los que experimentamos los resultados de nuestro carácter. Es para tu propio beneficio que debes aprender a ser sabio.
(Este versículo continúa la comparación entre el insolente y el sabio en Proverbios 9:7-12.)
La última vez miramos la historia de la cruz. Hoy, vamos a meditar en lo que Dios hizo realmente – para nosotros, como creyentes.
Hay un hermoso resumen de esto en el libro de Colosenses:
Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de El.
Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo, cosas que sólo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo.
En el contexto de este pasaje, el Espíritu Santo nos advierte sobre la filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres (Colosenses 2:8). En lugar de eso, debemos conocer a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:3).
Entonces, ¿qué ha hecho Dios el Padre? ¿Qué hizo por nosotros, cuando estábamos muertos en nuestro pecado?
Nos dio vida
Nos dio perdón
Canceló nuestra deuda
Esto no fue sólo una simple transacción. ¡Fue una guerra en la que Dios triunfó sobre los poderes de las tinieblas en el universo!
Y así nos advierten de no quedar atrapados en las ceremonias de la Ley Mosaica. Estas cosas eran ilustraciones, sombras, de la realidad. Conocemos la realidad de vida y perdón en Cristo mismo.
Meditaremos en esto más profundamente cuando continuemos este estudio de la maravillosa cruz.
Ya vemos la diferencia entre el insolente y el sabio. El insolente odia la corrección, y odiará al maestro. El sabio aprecia la corrección. Bueno, una persona sabia tal vez no le guste la reprimenda al principio, pero verá la verdad y estará agradecidos.
Hoy me gustaría presentarles a un nuevo personaje en el libro de Proverbios – el insolente.
El insolente habla mucho – si lo escuchas, oirás muchos chistes, mucho jactancia, mucha burla. Como el necio, él piensa que tiene razón, y no escuchará la corrección.
A veces no es prudente tratar de enseñar a un insolente. Él no aprenderá, y tu sufrirás.
“Un poco de dormir, un poco de dormitar, Un poco de cruzar las manos para descansar,” Y vendrá tu pobreza como vagabundo, Y tu necesidad como un hombre armado.
Muchos proverbios en la Biblia hablan de la igualdad. Esto es aún más importante en la Iglesia. Santiago habló en contra de favorecer a los ricos cuando los cristianos se reunieron (Santiago 2:1-4). Pablo señaló que tanto judíos como griegos tenían acceso a las riquezas de Dios (Romanos 10:12). Incluso le dijo a los amos y esclavos que se trataran bien. Después de todo, cuando se reunieron en el culto se sentaron uno al lado del otro como iguales (Efesios 6:9; 1Timoteo 6:2).
¿Qué te gusta aprender? En serio. ¿Te gusta la guitarra? ¿Qué tal cocinar? ¿O tal vez el fútbol?
Algunas personas estudian medicina. Algunos aprenden acerca de diferentes tipos de perros, y cómo cuidarlos. A algunas personas les gusta ver cómo sus amigos reaccionan a una historia divertida. ¡A todos nos gusta aprender cosas!
Dios es maravillosamente brillante y creativo. Ha creado un mundo de interminables maravillas. ¡Eso es una cosa que nos muestra algo increíble de Dios – es su “gloria”!
Y la gloria de los reyes – bueno, de hecho – de todos – es investigar. Aprender.
El Hijo de Dios, el Rey del Universo. Escuche las horribles indignidades que sufrió.
Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calavera, Le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, no lo quiso beber. Y habiendo crucificado a Jesús, se repartieron Sus vestidos echando suertes; y sentados, Lo custodiaban allí. Pusieron sobre Su cabeza la acusación contra El, que decía: “ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS.”
Entonces fueron crucificados con El dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban Lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: “Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a Ti mismo. Si Tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz.”
De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de El, decían: “A otros salvó; a El mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en El. En Dios confía; que Lo libre ahora si El Lo quiere; porque ha dicho: ‘Yo soy el Hijo de Dios.'”
En la misma forma Lo injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con El.
Increíble, ¿no es así? Murió en la cruz para salvar a su pueblo:
Desde la hora sexta (mediodía) hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena (3 p.m.). Y alrededor de la hora novena (3 p.m.), Jesús exclamó a gran voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lema sabactani?” Esto es: “Dios Mio, Dios Mio, ¿por que Me has abandonado?”
Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: “Este llama a Elías.”
Al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, Le dio a beber. Pero los otros dijeron: “Deja, veamos si Elías Lo viene a salvar.”
Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu.
En ese momento el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron;
Algunas personas hablan más que otras personas. Y eso no es una mala cosa.
Pero hay gente que no guarda su boca. No tienen cuidado en sus palabras. Habla y habla sin pensar.
Y sí – eso es bien peligroso.
Tenemos que buscar ayuda de Dios para controlar la lengua. En el libro de Santiago, aprendemos que la lengua es muy peligrosa – una cosa muy pequeña puede traer un desastre grande en nuestras vidas.