Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que Su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Jesús está a punto de terminar su obra en la tierra y ascender al cielo, de nuevo al lugar de poder que le corresponde. ¿Quién esperaría lo que hace ahora?
Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en Sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó el manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida.
Pedro estaba tan sorprendido de que el Maestro tomara el lugar de un esclavo, que exclamó: “¡Jamás me lavarás los pies!” (Juan 13:8)
Quizás Pedro estaba tratando de ser humilde, pero no entendía la verdadera humildad. Sin el servicio de Jesús, el propio Pedro no tenía esperanza. Necesitaba el amor de su Salvador.
El Comentario de Jamieson-Fausset-Brown dice:
. . . toda la obra salvadora de Cristo fué una serie continua de semejantes servicios, terminada con el más sacrificial y trascendente de todos los servicios: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Si Pedro entonces no pudo consentir en que su Señor se rebajara tanto como para lavarle los pies. ¿cómo permitiría que fuese servido por él en otra cosa cualquiera? . . . No es humildad rehusar lo que el Señor se digna hacer por nosotros, o negar lo que él ha hecho, sino presunción atrevida . . . La humildad más verdadera es la de recibir reverentemente, y reconocer con gratitud, los dones de la gracia.
Así como Jesús vistió la toalla de un esclavo, nosotros debemos vestir de humildad al servirnos unos a otros.
Esto es aún más asombroso cuando Jesús continúa a lo largo del capítulo reafirmando quién es Él. Sin duda Él es “Maestro y Señor” (Juan 13:13).
Pero Jesús incluso fue capaz de predecir el futuro, advirtiendo a sus discípulos que estaba a punto de ser traicionado por alguien en la mesa (Juan 13:18-21). ¿Cómo podía Jesús saber el futuro?
La clave está en sus palabras en el versículo 19: “Se lo digo desde ahora, antes de que pase, para que cuando suceda, crean que Yo soy.”
¿Yo soy? Pues sí. Es un atributo de Dios mismo, que Dios declara “el fin desde el principio” (Isaías 46:9-10). Llama “a las generaciones desde el principio”. Dice, “soy el primero, y con los postreros soy” (Isaías 41:4).
Pero hay más. Jesús usa aquí las palabras de Isaías 43:10…
«Ustedes son Mis testigos», declara Yahvé (Jehová), «Y Mi siervo a quien he escogido, Para que me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que Yo soy. Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá Yo, Yo soy Yahvé, Y fuera de Mí no hay salvador…»
Mientras Dios el Creador explica lo que sucederá en el futuro, llama a Israel a ser su testigo. Cuando vean que lo que dijo es verdad, sabrán que él es el único Dios verdadero.
¡Y Jesús aplica esto a sí mismo! Cuando los discípulos vean que él conocía el futuro de antemano, lo sabrán. ¡Sabrán que Jesús es el único Dios verdadero!
Y este Dios, hermanos, tomó el lugar de un esclavo para traernos la salvación. ¡Qué Salvador! Como Dios le declaró a Isaías, ¡no hay otro!
¿Por qué no tomarnos el tiempo para meditar en estas verdades, repetidas en Filipenses 2:1-11?
En esta serie meditaremos en el Evangelio de Juan, capítulo a capítulo.
El capítulo 12 de Juan es probablemente más famoso por la Entrada Triunfal. Al mirar atrás, al principio parece casi un acontecimiento trágico. Jesús viene a Jerusalén para morir como un criminal.
Pero nos alegramos de su venida, aun sabiendo que le esperaba una cruz, sobre todo sabiendo que le esperaba una cruz, porque esta era su obra voluntaria que conduciría a nuestra salvación. El mismo profeta Zacarías le dijo al pueblo que se alegrara.
¡Regocíjate sobremanera, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Tu Rey viene a ti, Justo y dotado de salvación, Humilde, montado en un asno, En un pollino, hijo de asna.
Pero hay algo aún más sorprendente en el capítulo 12, que a menudo se pasa por alto.
Jesús enseñó una vez más a las multitudes, advirtiéndoles que siguieran la luz mientras aún había tiempo. Luego Juan reflexiona sobre lo sucedido, diciéndonos que “aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en Él” (Juan 12:37).
Primero cita el comienzo de la maravillosa profecía de Isaías acerca de la muerte y resurrección de Cristo Isaías 53. “Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?” (Juan 12:38)
De hecho, llegó un momento en que Dios mismo ocultaría la verdad a quienes rechazaron a Cristo. Juan parafrasea otro texto de Isaías: “Él ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y Yo los sane” (Juan 12:40). El juicio de Dios estaba llegando.
Pero, Juan, ¿estás seguro de que este texto realmente se aplica? Después de todo, ¡Isaías escribió cientos de años antes de que naciera Jesús! Ah, sí . . . Juan continúa con su reflexión:
Esto dijo Isaías porque vio Su gloria, y habló de Él.
Un momento… ¿el profeta Isaías había visto a Jesús? ¿Siglos antes? Bueno, ¡me gustaría saber más sobre esto!
¿Cuándo vio Isaías a Cristo? El texto que Juan acaba de mencionar es del capítulo 6 de Isaías, e Isaías efectivamente tiene una visión en ese capítulo. De hecho, la proclamación del juicio es de esa visión.
En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de Su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria». Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Entonces dije: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque mis ojos han visto al Rey, Yahvé (Jehová) de los ejércitos».
¡Aquí está! ¡Isaías vio al Señor! Y los serafines dicen, “¡Llena está toda la tierra de Su gloria!”
Y aquí tenemos otra confirmación de que esto es a lo que se refería Juan. Él habría estado familiarizado con la traducción griega de Isaías, que en lugar de mencionar el “manto” del Señor, dice: “La casa se llenó de su gloria“. Isaías vio su gloria, la gloria del Hijo de Dios.
Pero el mismo Isaías dice que vio a Yahvé, Jehová, el Dios Todopoderoso. Así es. Isaías vio a Cristo.
La gloria de Cristo fue tan abrumadora que Isaías temió morir en ese momento por su pecado. Pero en Cristo hay perdón (Isaías 6:6-7).
¿Cómo era posible que el pueblo no se postrara en adoración ante el glorioso Rey? No entendieron la verdad. Si la hubieran entendido, dice el apóstol Pablo (hablando de los gobernantes de la época), “no habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2:7-9).
Rechazaron al Salvador, rechazaron la verdad que Él les ofrecía, y ahora sus ojos estaban cegados. Y el Dios que decían adorar estaba con ellos, en carne humana.
Pero algunos sí creían que Jesús era el Mesías. ¿Dónde estaban? Juan nos ofrece este triste juicio:
Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios.
Hay algo que no se ve aquí en la traducción al español. La palabra para “reconocimiento” o “aprobación” u “honra” aquí es la misma palabra que vemos en el versículo 41. La palabra es “gloria”.
La brillante, abrumadora, pura y santa gloria de Dios fue desechada por la temporal “gloria” o “aprobación” pecaminosa de meras criaturas.
¿Con qué frecuencia tomamos la misma decisión tonta? ¡Elijamos la gloria del Dios de los ejércitos por encima de todo lo demás!
En esta serie meditaremos en el Evangelio de Juan, capítulo a capítulo.
Proverbios es un libro para ayudarnos en el mundo real – “el arte antiguo de la vida real”. Todo el mundo quiere sabiduría antigua. ¿Qué sabían los mayas sobre los tés curativos? ¿Qué sabían los aztecas sobre energías misteriosas? Pero la sabiduría más antigua de todas es la sabiduría de Dios Creador…
Pero nuestro omnisciente Salvador no sanó a Lázaro, sino que dejó morir a su amigo. ¿Por qué? Porque la resurrección de Lázaro glorificaría a Dios y nos mostraría quién es realmente Jesús.
Cuando Jesús lo oyó, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella».
Había una multitud significativa de Betania y Jerusalén reunida. (Juan 11:18-19)
El hombre llevaba cuatro días muerto y el cuerpo ya había empezado a descomponerse. (Juan 11:39)
Jesús hizo una oración pública. “Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado.” (Juan 11:42)
Hizo una declaración poderosa. En griego, las palabras de Jesús ni siquiera contienen un verbo. Es como si Jesús simplemente dijera: “¡Aquí fuera!”. (Juan 11:43) Jesús lo dijo y así fue.
El milagro fue innegable, incluso para los enemigos de Jesús. (Juan 11:47) Pero, como ocurrió con los demonios, “creer” en la verdad no era suficiente sin una fe verdadera. (Santiago 2:19)
El curso natural de la vida en esta tierra es morir. Pero estaba presente Alguien que tenía poder sobre la creación misma.
El predicador inglés Charles Spurgeon fue acusado con frecuencia de hablar demasiado de la Biblia y muy poco de la ciencia moderna. Un día se puso de pie para la lectura de la Biblia, pero mantuvo la Biblia cerrada.
Mencionó esta acusación y luego dijo: “Bueno, aquí hay una pobre viuda que ha perdido a su único hijo. Quiere saber si alguna vez lo volverá a ver. Recurramos a la ciencia para encontrar la respuesta. ¿Lo verá? ¿Dónde está? ¿Es la muerte el fin de todo?”
[Un largo silencio.]
“¿Nada que decir? ¡Entonces iremos al Libro!”
Sí – vamos a las palabras de Jesús –
Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
Él mismo es vida. Él tiene vida en sí mismo (Juan 5:26). Él es quien da la vida (Juan 5:21).
Pero aunque muchos vieron el milagro, muchos todavía se negaron a acudir a Jesús mismo para vivir (Juan 5:40). No hay otro camino, amigos. ¿Crees esto?
En esta serie meditaremos en el Evangelio de Juan, capítulo a capítulo.
En el capítulo 10 del Evangelio de Juan, el Verdadero Pastor se enfrenta a los falsos pastores.
Dios mismo siempre es identificado como el verdadero Pastor de Su pueblo (el Salmo 23 es el más famoso). Se suponía que los líderes de Israel debían ser pastores bajo Su dirección, que cuidaban del rebaño, pero se habían convertido en falsos pastores.
Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR: «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza y di a los pastores: “Así dice el Señor DIOS: ‘¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Comen la grasa, se han vestido con la lana, degüellan la oveja engordada, pero no apacientan el rebaño. Ustedes no han fortalecido a las débiles, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, no han buscado a la perdida; sino que las han dominado con dureza y con severidad. Las ovejas se han dispersado por falta de pastor, y se han convertido en alimento para toda fiera del campo. ¡Se han dispersado! Mis ovejas andaban errantes por todos los montes y por toda colina alta. Mis ovejas han sido dispersadas por toda la superficie de la tierra, sin haber quien las busque ni pregunte por ellas’”».
* Aquí Jesús cita el Salmo 82, donde en hebreo los líderes de Israel son llamados “dioses”. Pero estos dioses serán juzgados por el Dios Verdadero, que ocupará su lugar:
Yo dije: «Ustedes son dioses, Y todos son hijos del Altísimo. Sin embargo, como hombres morirán, Y caerán como cualquiera de los príncipes». ¡Levántate, oh Dios, juzga la tierra! Porque Tú posees todas las naciones.
A veces, un capítulo repite ciertas ideas con tanta frecuencia que no se pueden ignorar. Por ejemplo, en el capítulo 9 – la idea de “saber” o “no saber”, especialmente en los versículos 20-31. La palabra “ciego” – ¡16 veces en la NBLA! Y la idea de “ver” – una y otra vez. Incluso el detalle del barro (lodo) sobre los ojos del ciego se menciona varias veces.
Y sí, este es un capítulo sobre la ceguera y la vista.
Te dejaré leer tú mismo la asombrosa historia. Pero todo comienza cuando Jesús y sus discípulos ven a un ciego…
Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús respondió: «Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él…»
La pregunta de los discípulos puede parecernos extraña. Pero en aquellos días muchos creían que el bebé podía pecar en el útero, o que el pecado de la madre podía maldecir al bebé no nacido.
Pero Jesús dice que esto no fue el resultado directo de un pecado específico: fue para el propio propósito de Dios.
Dios dice algo similar en Éxodo:
Y el SEÑOR le dijo: «¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy Yo, el SEÑOR?
Debo preguntarme, ¿cómo viviríamos si supiéramos que nuestra prueba, cualquiera que sea, tiene un propósito: que algún día brillará para la gloria de Dios?
A medida que avanza el capítulo y Jesús habla con los líderes judíos, parece que están buscando el pecado en los lugares equivocados. Están convencidos de que este hombre nació en pecado (en otras palabras, él lo fue, ¡ellos no!) (Juan 9:33). Implican que los orígenes de Jesús pueden acusarlo (Juan 9:29). Jesús es acusado directamente de pecado (Juan 9:16; Juan 9:24).
Los fariseos están completamente confundidos… y con razón. Son ellos los que están verdaderamente ciegos.
Mira primero la ilustración que usa Jesús. He aquí un hombre que está ciego en el propósito de Dios (Juan 9:3). Jesús, en cierto sentido, lo “ciega” aún más, poniéndole barro en los ojos (Juan 9:6). Luego le dice al ciego que vaya y se lave la cara.
¿Qué hará el hombre? Por supuesto, no insistirá en que ve bien. Pero podría no confiar en Jesús, podría no obedecer.
Pero él fue, se lavó y fue sanado: ¡vio!
Y luego Jesús explica su lección objetiva.
Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos».
Los enemigos de Jesús pensaban que eran muy sabios. Insistieron en que tenían una visión perfecta. Y así Jesús, en el juicio, demostró que estaban ciegos y confundidos. Debieron haber acudido a Él en busca de curación, pero se negaron a reconocer su ceguera espiritual.
Pero aquellos que sabían que estaban necesitados, que vieron su pecado, que acudieron a Jesús en busca de curación, esos fueron los que verdaderamente pudieron ver.
Jesús dejó a los fariseos con algo importante en qué pensar. Algo de eterna importancia.
Jesús les dijo: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porque dicen: “Vemos”, su pecado permanece.
Un fariseo se acercó a Jesús una noche y le admitió que había cosas que no podía ver. Pero la mayoría de ellos en ese momento se negaron a buscar en el Hijo de Dios la verdadera sabiduría. Y así quedaron en su pecado ciego.
En esta serie meditaremos en el Evangelio de Juan, capítulo a capítulo.
Mudd Hall of Philosophy es un edificio para el estudio de filosofía en la Universidad del Sur de California en los Estados Unidos. En el edificio están escritas estas palabras de Jesús. Pero frente al edificio se plantó un árbol que ahora oscurece parcialmente las palabras de la vista.
¿Dice esto algo sobre lo que se enseña dentro del edificio? Te dejaré decidir. Pero muy a menudo estas palabras se malinterpretan por completo, incluso sin que un árbol las bloquee.
En Juan capítulo 8, las multitudes acusan cada vez más a Jesús, y Él responde. Por ejemplo…
¿Cómo es posible que el santo Hijo de Dios respondiera siquiera a una acusación tan perversa? Y, sin embargo, Él todavía misericordiosamente les da Su Palabra.
Conecto aquí dos acusaciones. Para esta multitud, que pretendía ser el pueblo elegido como descendiente de Abraham, los samaritanos eran “ilegítimos”. Antes habían afirmado indirectamente que Jesús nació de la fornicación.
Una vez más, se trataba de una cuestión de orígenes. “¿Dónde está Tu Padre?” ¡Investigaremos y hablaremos con él sobre quién eres realmente! (Juan 8:19)
Pero Jesús volvió a explicar que había venido de Dios Padre.
Los fariseos decían que Jesús no estaba diciendo la verdad porque sólo hablaba de sí mismo. Pero a lo largo del libro de Juan, Jesús había presentado muchos otros testigos. Sólo en este capítulo, Jesús explica que Su Padre es testigo (Juan 8:18), Sus obras son testigos (Juan 8:29) y la Palabra profética será testigo (Juan 8:28).
Pero una vez más, la acusación es increíblemente perversa. ¡Acusan a la Verdad de mentiras!
Y esto nos ayuda a entender la declaración de Jesús: “…conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.”
Ese no es el versículo completo. El versículo comienza con “y”; aquí está el contexto:
Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
Mucha gente no reconoce el verdadero contenido del hermoso mensaje de Jesús. Jesús está enseñando acerca de sí mismo, guiando a la gente hacia sí mismo, ¡porque Él mismo es la Verdad! (Juan 14:6)
¿Y Jesús nos libera de qué? Del pecado (Juan 8:34).
Si buscas la verdad y no encuentras a Jesús, estás en el camino equivocado. Como las multitudes en Juan 8, no entiendes porque tus oídos no pueden oír la verdad (Juan 8:43-47).
Debemos orar como oró David:
Enséñame, oh SEÑOR, Tu camino; Andaré en Tu verdad; Unifica mi corazón para que tema Tu nombre.
¡Gracias nuevamente por visitar En la Biblia! Siempre es un placer explorar la Biblia con todos ustedes.
Este es solo un aviso para informarles que no escribiré artículos con tanta frecuencia durante el verano debido a algunas cosas familiares de las que debemos ocuparnos.
Pero ¡siéntete libre de explorar los cientos de entradas anteriores que se encuentran aquí, y comparte tus comentarios! Y continuaremos nuestro estudio del libro de Juan, pero tal vez un poco más lentamente de lo que esperaba. 🙂
Gracias, y ¡que Dios continúe enseñándote a través de Su maravillosa Palabra!
La suma de Tu palabra es verdad, Y eterna cada una de Tus justas ordenanzas.
En el Talmud judío, un rabino advierte a la gente sobre la especulación sobre la fecha de la venida del Mesías:
Tres cosas aparecen cuando no estás prestando atención: El Mesías, un objeto perdido y un escorpión.
Rabino Zera (Sanedrín 97a)
Bueno, incluso en sus acciones como hombre en la tierra, nadie podría acusar a Jesús de hacer lo que se esperaba. De hecho, ¡Sus decisiones frecuentemente confundían a todos los que lo rodeaban!
Por ejemplo, se avecinaba una gran celebración en Jerusalén. ¡Este sería un buen momento para pararse frente a la multitud y mostrarles milagros asombrosos!
Por eso los hermanos de Jesús le dijeron: «Sal de aquí, y vete a Judea para que también Tus discípulos vean las obras que Tú haces. Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo».
¿No debería Jesús aprovechar la oportunidad para promover su movimiento? Y, sin embargo, deja atrás a la multitud (Marcos 1:36-38) o va solo a orar (Juan 6:15). ¡Vaya ahora a Jerusalén! Y, sin embargo, “pierde” más tiempo en Galilea, y luego va en secreto a Jerusalén (Juan 7:10).
Pero Jesús tenía una visión a largo plazo. Su trabajo no se centraría en ganancias a corto plazo, sino en llevar la salvación a un mundo perdido.
La vida misma de Jesús fue completamente inesperada (aunque fue predicha en las Escrituras). La multitud creía conocer toda la historia, la vida mundana de un carpintero de un pequeño pueblo. Esperaban una repentina y poderosa aparición de un misterioso Mesías.
Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es Este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.
La multitud podría discutir sobre de dónde era Jesús: ¿Galilea, Nazaret, Belén? Pero Él era del Padre y regresaba al Padre. Su necesidad no era conocer Sus milagros (Juan 6:26), estrategias o valores, sino conocerlo a Él. Pero muchos estaban a punto de perder su oportunidad.
Pero Jesús dijo: «Por un poco más de tiempo estoy con ustedes; después voy a Aquel que me envió. Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no pueden ir».
¿Cuándo volverá Jesús? Esa pregunta es mucho menos importante que ésta: ¿Lo conoces? ¿Estás listo para Su regreso?
La gente en la fiesta que escuchó las palabras de Jesús no tuvo excusa.
Aparentemente el agua era un elemento importante de la Fiesta de los Tabernáculos. Cada día, durante siete días, los sacerdotes traerían agua del estanque de Siloé y la derramarían al pie del altar. Era una época de acción de gracias en otoño, por el agua para los cultivos.
Se cantó el Halel – los Salmos 113-118 – “¡Hosana!” – pidiendo a Dios la salvación. El pueblo cantaría la promesa de salvación de Isaías:
Con gozo sacarás agua De los manantiales de la salvación.
Era un ritual tan popular que la gente regresaba a casa con tinajas de recuerdo. Mientras miraban sus recuerdos, recordarían las palabras de Jesús.
En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: «Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”».
La gente no entendía por qué Jesús fue a donde fue y cuándo fue allí. ¿Pero qué era lo importante? Ellos mismos necesitaban venir a Jesús y conocerlo. La verdadera salvación vino de Él.
En esta serie meditaremos en el Evangelio de Juan, capítulo a capítulo.
Una de las historias más fascinantes de Juan 7 es la discusión entre los guardias, los principales sacerdotes y los fariseos al final del capítulo. Echamos un vistazo más de cerca en nuestro estudio “Como Restringir la Verdad” – parte 1, parte 2, y parte 3.
Continuamos con las “declaraciones duras” de Jesús en Juan 6 (primera parte aquí). Estamos listos para recibir consejos útiles, ideas políticas, valores e incluso mandamientos. Pero – ¿Él está diciendo que Él es el centro de todo?¡Declaración dura!